No sé que nunca hayan recompensado a

No sé que nunca hayan recompensado a las mujeres por ser encantadoras. Más bien creo que esa cualidad les acarrea castigos por regla general. Ciertamente hoy día las mujeres envejecen más gracias a la fidelidad de sus admiradores que a cualquier otra cosa. Al menos ésa es la única explicación que encuentro a ese aire terriblemente huraño que han adoptado la mayoría de las mujeres bonitas de Londres.
Mistress Cheveley


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Wilde, O. (1895), Un marido ideal, Acto I, p. 82, Santiago de Chile:Andrés Bello, ISBN: 956-13-0738-3

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